- febrero 6, 2021
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- Category: Economía

Por: Dr. Impuestos
La gente se fía más de sus sentimientos que de los hechos.
Es un evento de gran expectativa. Muchos esperan que el cambio de gobierno genere mejoras y un nuevo inicio, otros sienten temor e incertidumbre. Respetamos las opiniones y lo nuestro son las finanzas.
El crecimiento de los países no siempre tiene relación a la gestión del gobierno. Booms de exportación de los siglos anteriores generaron mejoras al país (cacao, banano, petróleo) y, si comparamos la región, aunque cambia el nombre del commodity sucede igual. Argentina se beneficia de los precios de la soja, Chile del cobre, Perú del oro y plata, Venezuela y Ecuador del petróleo. A inicios de este siglo, casi sin excepción, los países del subcontinente tuvieron muy buen desempeño por el incremento de precios de exportación, relacionados a la incorporación al mercado de China. Bajaron los niveles de pobreza, hubo mejoras en la clase media, en todos los países sean gobiernos de una tendencia u otra. Si el petróleo seguiría en USD 120 talvez Chávez no se hubiera muerto, o Maduro estaría bien visto.
Hay muy pocos eventos de caída en picada como de despegue vertical de las economías. Venezuela es ejemplo del primero. En los demás casos las cosas evolucionan a un compás similar, es la misma música, pero con algo de más o menos ritmo. América Latina en series de hace 150 años (1.870) crece igual que la media mundial y dentro de América Latina la producción per cápita por países es muy similar. Si tomamos a los países Andinos (Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia) hace 100 años, tenían un PIB pc de mil dólares, siendo Ecuador y Bolivia de 1.3 los más altos. Si relatamos la carrera en este tiempo, diríamos que todos crecen, Bolivia es más rezagado, Perú el ganador de la última milla, Venezuela sale de la carrera después de haber liderado 50 años, Colombia y Ecuador, aunque aventajado el primero siguen participando, pero todos siguen estando en el mismo rango comparativo de ingresos. Mientras duró los periodos de boom petrolero, Venezuela y Ecuador despegaron, pero al final, los demás los alcanzaron y pasaron. Los países funcionan como las personas que heredan, mientras dura la herencia parecen ricas, luego regresan a lo de siempre, salvo que inviertan y las inversiones de los países son infraestructura, pero lo más importante, educación y, en eso, vamos rezagados.
No podemos centrar un análisis por solo indicador, hay muchísimos indicadores económicos y sociales que generan lecturas diferentes de una realidad. Sin embargo, cuando se analizan décadas y no años se aprecian los beneficios de uno u otro manejo económico. Sin duda, China es el mejor ejemplo, acompañada de las economías del sudeste asiático.
Las perspectivas para los próximos años, en materia económica, sean muy favorables o muy adversas, son poco probables. Todos los países experimentaran, en 2021, crecimiento, o dicho de otra forma, recuperan una parte de la caída del año 2020.
En nuestros países será menos dinámico por la razón contraria a la que pasará en los países del Norte. Los países ricos tendrán entre un 300% y 500% de vacunas para su población, mientras que los países del Sur entre el 30% y 50%, es decir, no todos lograremos vacunarnos o demoraremos más tiempo en hacerlo, lo que influirá en la recuperación. El mayor peligro para la economía es una segunda ola del virus, si se da, el crecimiento será nulo.
El peligro latente en la economía ha sido la desdolarización. A partir de la pandemia, el consumo disminuyó y se incrementaron los ahorros. En este año, la liquidez del sistema financiero ha crecido significativamente, el sector de mejores ingresos ahorra más aquí y en casi todos los países, y toman menos deuda. Los efectos de corridas bancarias en este tiempo serían menores y poco probable que se den o que tengan efectos. En el largo plazo, si se mantiene la tendencia, va a ser perjudicial para las economías porque tendremos sociedades de más ahorristas y menos inversionistas, lo cual limitará el crecimiento y bajará los precios de productos y/o tasas de interés, pero en el corto plazo, beneficia al que más al gobierno porque tiene un bolsillo al que meterle la mano.
La deuda externa ha crecido es verdad y no es bueno, sin embargo, si miramos el indicador de deuda es la mitad de la producción nacional. En el pasado, tuvimos niveles de deuda que superaban al PIB. En España, Italia, Grecia, el nivel de deuda era mucho mayor al PIB, antes de generarse la crisis. Creo que vamos a vivir un período de inyección de deuda masiva por parte de los organismos y banca internacional. Se prevé que América Latina tomará unos 150 mil millones de deuda; por ende, una crisis de liquidez es improbable. Igual que pasó en la época de la crisis hipotecaria de 2008, o la crisis del petróleo de los años 70, lo que está haciendo el gobierno en Estados Unidos es imprimir dólares. A la fecha, la emisión adicional por la pandemia es casi 4 veces lo que fue en el período de la crisis hipotecaria. Esos dólares van al consumo sin embargo, en el ciclo productivo empieza a acumularse en los ahorros y en los mercados de valores. Muy probablemente a finales de año, dichos dólares excedentarios, que pueden causar inflación, llegarán a la América Latina como deuda externa, que nos aliviará internamente, pero que, de hecho, a futuro, serán como ha sido en el pasado, una carga adicional.
El mayor problema al que se enfrenta el nuevo gobierno es el desempleo. Aunque el cuarto trimestre se aprecia crecimiento del nivel de empleo respecto a los peores meses de la pandemia, aún los desafiliados a la seguridad social neto del periodo son más de 250 mil personas. En el mercado informal se aprecia la misma realidad. La flexibilidad de contratación impulsada por la Ley Humanitaria ha sido una válvula de escape que permitió contratar. Las decisiones del nuevo gobierno si flexibilizar o imponer rigidez en el mercado laboral repercutirán en las empresas con toda seguridad. Como dicen, hay que estar ojo.
En los Estados Unidos, que solo hay dos cosas seguras, la muerte y los impuestos. Es previsible que el próximo gobierno, independientemente de quien gane las elecciones, va a incrementar la presión fiscal. Exenciones se reducirán y es muy probable que se grave de forma diferente talvez o combinado al ingreso en vez de a la utilidad. El único impuesto que el país acepta sin revuelta es al consumo suntuario (automóviles, perfumes, cigarrillos, licores, y todo aquello que se interpreta como de “marca”).
El país no atrae inversión y es muy poco probable que los capitales foráneos, en el corto plazo, se interesen en ingresar. Igual situación pasa con la repatriación de capitales de los ecuatorianos en el exterior. El dinero que salió no vuelve. Aunque parece una frase coloquial, estudios del Banco UBS demuestran que el capital regresa 3 años posteriores a cuando la economía se estabiliza.
En los próximos días y semanas la mitad de la gente estará feliz y la otra mitad triste. En unos pocos meses a todos se nos borrará la sonrisa y aterrizaremos en la realidad. En cualquier escenario, siempre hay ganadores y perdedores. Todos quisiéramos un escenario que la gran mayoría gane, subirnos en una ola. Lo que seguramente pasará es que no haya ola o reviente la ola, pero aquellas empresas que tengan costos bajos, eficientes en su operación, liderazgo, sobrevivirán y seguramente sonreirán.
Krugman, Premio Nobel de Economía de 2008, decía sobre Brasil, es el país del futuro y siempre lo será. Esperemos que nuestro país sea el país de un buen presente.
